domingo, 10 de enero de 2010

Poema del Cactus

Era un cactus plantado en medio del desierto con el sol abrasándome en invierno.


Era una mañana sin mariposas en el estómago.


Era un atardecer sin ocaso.


Era el alba sin humedad en los labios,


Era un poema sin metáforas  tiritando  de nervios


Era un paraguas con sombrero sobre la cabeza  tratando de soportar  las lágrimas del olvido.


Era un unicornio esperando el arcoíris


Era tan solo  la  mujer   que esperaba una mirada tuya

lunes, 4 de enero de 2010

nada

No sé si es el miedo a la soledad...

 o ...

el miedo a dejar lo acostumbrado.


¿No te supe amar o sería que no te amé?

Te amé tanto, te amé nada.

No sé que es amar con el corazón que se regala y se funde por una mirada
Sólo sé que con el orgullo no quisiste ceder a mi querer.

Te amo
Tal vez, te amo.
Fue muy poco el amor
Tal vez fue demasiado,

Simplemente es este amor que se cansó de amar.

O quizás es el amor que agotado y confundido quiso respuestas en la infinita y complicada naturaleza.

para él, tuve que lidiar, sobrepasar y escalar en tu rara y complicada geografía
con el solo objetivo de llegar a una cima donde pudiese divisar colores de un cielo inmenso
claro serrano despejado.

Despejado los pensamientos mas no el sentimiento
quise con leve seguridad darle la razón a lo que avizoraba el tiempo

Entonces cogí las lágrimas de la tormenta y las estruje tanto, tanto, tanto… que las evaporé…
Sólo así, decidí que los colores de un buen tiempo debían de llegar por mi voluntad.

Puse en escena esta decisión tanto planeada,
y con ella sobrevino
un inmenso dolor
un dolor que oprime con sabor a nada en el alma…

No sé definir esto…

De un momento a otro
Sin más
tenía sobre la mesa la vida en cinco minutos,
con la seguridad de dejarte ir.

Y en el final  tanto ansiado a puertas
solo quedaron el rumor del desierto
batiéndose contra paredes del atlas
y  la marea  agobiante susurrándome
algún recuerdo.


Con  rayuela en el aire, insípida, vacía
Sin nada al Alba.
Tuve que decir Adiós

lunes, 21 de diciembre de 2009

HUT ( SOMBRERO)


I didn´t want the rain to wet my memories so I put on this old hat so I put it on all the things I've forgotten on all the names I lost in silence I didn't I want the wind to snatch away the voices of my years the brown silhouette of my doubts but it doesn't really rain today not is it windy and there's in this town to see my hats rolling on the ground


Sara Uribe
Antología 
 poesía -mujeres hispanas.

martes, 27 de octubre de 2009

TRES MOMENTOS

Esperaste tres momentos, esperaste en medio de un mes incógnito
Esperaste en medio de la muchedumbre, y  creí  que seguirías esperando…

Hey…Te descubrí  … espiabas detrás de mis ojos.
Tan cerca, no te sentí.
Luego
Tan lejos
Me enamoré

Eramos  personajes de ficción; Tú Florentino Ariza y  yo Fermina Daza.
Fermina Daza de polvo, Fermina Daza de mentira…

Una noche viniste a tocar mi puerta mientras masticabas chicle sabor cereza
Y en el bolsillo de  tu casaca verde militar traías a escondidas una historia.
F. creyó cada palabra.
Estábamos enamorados
Eso dijo Florentino Daza

¿Recuerdas  la luna?
Estaba llena, como esta noche. 
Cada noche de nuestros tres encuentros
La luna hizo su aparición.
Era ella envuelta de un gris furioso.
Florentino  decía mira la Luna.
F: Tengo miedo
Florentino : No temas
F: La luna es de carboncillo,
Florentino: cierra los ojos, es  solo la niebla
F: ¿Y cómo?

Florentino besaba sus labios tímidamente
Hacías  que el cielo se despejase en cada diálogo de  ficción.
La Luna  era hermosa, limpia, efímera.

F. creía

Es el mes incógnito cadencioso. Una vez más
Octubre y  tengo frío, no me di cuenta.

Son tres momentos

La Luna vuelve aparecer
No tengo temor
F. roza con los dedos
Tengo manchadas las manos
Es la luna  F, es la Luna difuminada hecha carbón,
Yo  aquí y tú muy lejos.
Tercer acto : desenlace
Inconcluso
Pedazos de diálogos
Pedazos de interpretación
Restos de escenas inconclusas
restos de nada , restos …
Y  esperaste tres momentos para decirme que era  solo una Luna de ficción



sábado, 4 de octubre de 2008

MORIR SIN TENER QUE MORIR

En medio del gentío y una tarde ligera de primavera, parecía que las nubes empezaban a cargarse mostrando un cielo oscuro vetusto cargado de melancolías.
La muerte marchaba ante mis ojos y la vida, también.

La familia Sandoval acompañaba el féretro entre llanto y resignación, personificaban el proceso de la muerte. Al mismo tiempo junto a ellos, el brote de la vida transitaba. Era pues, la prolongación de su generación- niños que salpicaban de color y alegría al conjunto fúnebre vestido de luto.

Era primero de octubre del 2008, y Carmen Rosa Sandoval estaba a punto de adentrarse en la culminación de la muerte y formar parte del mausoleo de los recuerdos. En tanto, frente a mis ojos se enarbolaba una fotografía que enmarcaba el límite entre quienes entienden la muerte como un proceso irreversible/natural y aquellos que se niegan a la muerte y se aferran a la vida.

Por un lado estaba yo, perteneciente a los bichos raros, quienes no ponían en vitrina su dolor, pues no éramos capaces si quiere de gimotear, menos aún sufrir un shock nervioso que nos llevase al desmayo.

La marciana del velorio, sin embargo, traducía el impactante cuadro que tenía en frente. Los recuerdos de la Huesha -como solíamos llamar a la abuelita- se desdibujaban a medida que la nueva experiencia traumática se fijaba en manchas indelebles en mi mente. Pues, aquella viejita; locuaz, testaruda y simpática pasaba a ser una evocación lúgubre y doliente.


Alrededor del cajón, mezclados se encontraban: los impávidos y ardilosos. Lucía perteneciente al segundo grupo, casi atada al ataúd trataba de impedir la finiquitación del ritual. Sollozando clamaba:

- ¡Mamá, mamita, no nos dejes! ¡ay, mi Rosita! decía la mayor de las nietas.

En tanto, Carmela, prima de Lucía que se hallaba más calmada, entre lamentos intentaba arrancarla de su obstinación.

- ¡Comadrita ya déjala ir¡ ¡ay nuestra mamacita se nos va, que descanse en paz. Déjala , déjala¡


Paralelamente, en el extremo izquierdo de la misma composición, se encontraban los niños, la otra cara de aquella realidad. Las criaturas sin entender qué ocurría, jugaban libremente en el cementerio, pues su inocencia les proporcionaba la capacidad de fluir sin remordimiento alguno. Para ellos, las lápidas de imágenes religiosas-ángeles, crucifijos, cristos y vírgenes- eran formas curiosas que provocaban su atención.

Finalmente, en medio de la mirada curiosa de los niños frente a un hecho para ellos incomprensible y la observación analítica y resignada de un adulto, llegó a su fin. Pues la tarde de aquella débil primavera de octubre, se esfumó ágilmente y el viento gélido nos orilló a retirar.

A mi abuela que no pude decir adiós

Música

En una canción inversa, revuelta; vuelco la miel de mi desencanto y aviva voz canto la balada de un selenita.
Es quizás mi instinto, luz blanca salvaje, que se enamora de la vaporosidad del viento entre mis manos y labios, y este irracional te amo.

jueves, 20 de marzo de 2008

El beso

Beso que no se resuelve con tu boca,
¡Beso!
No se juntan la boca mía con la boca tuya.

Es el beso inconcluso que se eleva tan sólo con palabras,
Y cae en abismos de ansiedad.

Beso que se encarna en los deseos
Beso que se disuelve con realidad,
¡Insensible boca!

...Ay, boca tuya...
Me matas cuando no me tocas
Desterrada padeciendo de tus sueños estoy

¡Boca, mira mis labios!
Siguen en esta miserable utopía.
(Contemplándote por mi agónica ventana
de los sueños)